Muchos de nosotros hemos visto trascurrir nuestras vidas desde este soleado valle al oeste de la capital, hasta hace muy poco tiempo era lugar rural rodeado de verdes colinas, campos sembrados, granjas, ríos y riachuelos en los que pudimos alguna vez chapotear. (Impensable actualmente). Otros llegaron después huyendo de zonas mas pobladas y adoptaron este pueblo como propio. Hoy todos podemos percibir lo mismo, el asfalto se traga el verdor que alguna vez hizo de este cantón un lugar ideal para vivir. Las torres de apartamentos y oficinas empiezan a asomar desde todos los rincones; carreteras y autopistas atraviesan nuestros suelos convirtiendo un pueblo tradicionalmente “de a pie” en zona exclusiva de paso vehicular. Olvidados nuestros peatones a su propia suerte, sin aceras ni espacios públicos que mitiguen si quiera un poco el impacto acelerado del inevitable desarrollo urbano. Es este el sentir que motiva a un grupo de santanecos y santanecas a reclamar al menos un espacio donde podamos disfrutar y preservar la naturaleza que se nos va de las manos, un lugar para compartir en familia, para hacer deporte sin temor a ser atropellados, o simplemente para respirar aire puro. Este lugar existe fue donado por la familia Ross para su cuido y preservación un regalo para el pueblo de Santa Ana que lejos de disfrutarlo ni siquiera sabe de su existencia, son más de 52 hectáreas, con un enorme potencial natural y recreativo. Hoy existe un proyecto de ley que quiere recuperar estos terrenos, impulsado por regidores municipales en un inicio y actualmente respaldado por la Municipalidad, la Fundación Lorne y Elizabeth Ross y muchos otros sectores de la población que reconocen la necesidad de crear un balance entre desarrollo y ambiente para preservar nuestra calidad de vida, para dejarles a nuestros hijos algo más que humo y carreteras, algo más que un pasado idílico del cual contarles historias de ríos cristalinos y aves que anidaban a orillas de lagunas ahora inexistentes. QUEREMOS UN PARQUE donde no solo se cultiven especies nativas de árboles, sino donde también se cultiven nuevos sueños y esperanzas, donde nuestros estudiantes puedan aprender a valorar los recursos que aun podemos rescatar, un parque, nuestro parque, el Parque Natural Urbano Lorne Ross. Ayudemos a hacerlo una realidad.
Catalina Obregón
Presidente Fundación Lorne y Elizabeth Ross
Catalina Obregón
Presidente Fundación Lorne y Elizabeth Ross